FANTASMAS DE NOCHE Y DE DÍA

Hoy en mi itinerario haré parada y fonda en el Castillo de Frías (Burgos), por aquello de ser un lugar apropiado para el texto de hoy. Hermoso lugar con una panorámica esplendida y por lo tanto ideal para ver el mundo con perspectiva.
En nuestra niñez los padres nos asustan por la noche antes de ir a dormir con la llegada de los fantasmas y por lo que yo recuerdo se les tiene respeto al principio. A medida que pasa el tiempo los niños vencemos el miedo y los miramos de frente.
Lamentablemente con el tiempo descubrimos los fantasmas de día, éstos a diferencia de los anteriores aparecen en nuestra vida a todas hora y pueden durar años. Nunca nos dejan descansar y nos dicen lo mal que actuamos, el poco valor que tuvimos o nuestras incapacidades. Además tienen la peculiariedad que únicamente los vemos nosotros y que en la mayoría de los casos nos esforzamos por ocultar su existencia a los demás, incluidos a nuestros seres más queridos.
Aunque como siempre hay un lado positivo en todo, nuestros fantasmas nos acompañan en nuestra soledad y hasta sin considerarnos locos mantenemos conversaciones con ellos.
Por último os confensaré que mi mayor deseo es que algún día, ellos me digan un simple adiós y que te vaya muy lindo.
En fin que como diría Ismael Serrano:
SUCEDE QUE A VECES
Sucede que a veces la vida mata y el amor
te echa silicona en los cerrojos de tu casa,
o te abre un expediente de regulación,
y te expulsa del Edén, hacia tierras extrañas.
Sucede que a veces sales de un bar y la luz
quema la piel de este vampiro que te ama,
te llena la frente de fino polvo marrón-sur,
bostezas y te queman agujetas en las alas.
Pero sucede también
que, sin saber cómo ni cuándo,
algo te eriza la piel
y te rescata del naufragio.
Y siempre es viernes, siesta de verano,
verbena en la aldea, guirnaldas en mayo,
tormentas que apagan el televisor.
Teléfonos que arden, me nombra tu voz,
hoy ceno contigo, hoy revolución,
reyes que pierden sus coronas,
verte entre la multitud,
abrazos que incendian la aurora
en las playas del sur.
Sucede que a veces la vida mata y te encuentras
solo y en este corazón no reciclable
se hunden petroleros desahuciados y sospechas
que provocan miopía en lanzadores de puñales.
Sucede que a veces la vida mata y el invierno
saca su revólver, te encañona en las costillas,
te aterran los álbumes de fotos y el espejo,
huele a pino el coche y el mar a gasolina.
Pero sucede también
que, sin saber cómo ni cuándo,
algo te eriza la piel
y te rescata del naufragio.
Y siempre es viernes, siesta de verano,
verbena en la aldea, guirnaldas en mayo,
tormentas que apagan el televisor.
Teléfonos que arden, me nombra tu voz,
hoy ceno contigo, hoy revolución,
reyes que pierden sus coronas,
verte entre la multitud,
abrazos que incendian la aurora
en las playas del sur.
Sucede que a veces la vida mata...
Y siempre es viernes, siesta de verano...
Hoy ceno contigo, hoy revolución...

Susana dijo
Teléfonos que arden, me nombra tu voz,
hoy ceno contigo, hoy revolución,
reyes que pierden sus coronas,
verte entre la multitud,
abrazos que incendian la aurora
en las playas del sur.
Te confieso que esta canción me encanta, sobre todo ese trocito. Respecto a los fantasmas, esos compañeros inseparables del miedo, mi teoría es que todos tenemos los nuestros. Yo por ejemplo, he llegado a una buena solución: ellos no me molestan a mí si yo no les molesto a ellos XDD
18 Marzo 2006 | 02:54 PM